viernes, 8 de junio de 2012

Sin Pelos en los Brazos. Génesis.

                      

                       Tras cerca de un año sin portar por aquí, he vuelto. ¿El motivo? Resulta que con el hocico caliente por algo que creía una tomadura de pelo, no excesivamente grave, pero sí directa y desvergonzada, me disponía a recobrar los mandos de esta nave de la información, (Está sin rodaje pero funciona de lujo; magnífico) con el fin de no hacer otra cosa más que descargar mi ira sobre una bellísima persona que tanto me ha tocado la moral estas semanas. Ahora, parece que todo fue un mal entendido, aunque no descarto volver a la carga. Espero no sea necesario.

                       Pues bien, ya que no es de buen guerrero nipón desenvainar la espada y no pegarle un tajo a alguien, me voy a hacer el harakiri con una katana forjada en helado hacendado de chocolate con trocitos. Sí sí, del caro, del envase de medio litro.

                       Voy a explicar lo que prometí en la primera y última entrada del blog hasta el momento: ¿Por qué narices usar el nombre de "Sin Pelos en los Brazos"?

                       Y claro, llegados a este punto, vosotros, lectores avispados pensáis: "Este tio... hila fino... No va a dejar títere sin cabeza, va a salvar el mundo desde su sillón arremetiendo contra cualquier injusticia y Sin Pelos en la Lengua está pillado fijo. Hila fino, y es cutre. Mucho. ¡¡Pero nada mas lejos de la realidad!! -Léase con agitación de brazos al más puro estilo de Tamariz-



        He aquí el misterio:






                        Vale, la cámara deja mucho que desear, pero creedme cuando os digo que están peladitos peladitos. Y bueno, ahora viene la historia, ¿no? Que si de pequeño se metió en una marmita llena de crema depilatoria... Que si cuando iba a la playa se ponía los manguitos dos tallas menos para marcar y luego ha pasado lo que tenía que pasar... Pues nada nada, no hay historia. Soy pelón de extremidades superiores. Culpa de mis genes. Eso es todo. 

                    Y si alguien no da crédito, le animo encarecidamente a que venga y me chupe los brazos cuando quiera. ¡Están salaos! Sobre todo las tardes de verano.






Sin más, me vuelvo a despedir hasta la próxima, amigos. Si la hay, espero que no sea dentro de otro año. ¡Ale!

No hay comentarios:

Publicar un comentario