Estás viendo un documental típico de la 2, sobre el color rosa y sus propiedades cuando, de repente, empiezan a hablar del color azul. Te vuelves loco, no entiendes nada, hasta que llega tu compañero de piso, que ya te va conociendo y te dice: "hace un rato que no hay nada rosa en la pantalla".
En este momento caes en la cuenta de que tu problema con los colores es mucho más grave de lo que creías. Tan grave, tan grave, que te dan ganas de ponerte un cartel en la frente de "Peligro, soy daltónico" por si a alguien se le ocurriese pedirte desactivar una bomba o cosas de esas que suelen ocurrir un domingo por la mañana. ¡Trrrrrt chassss!
Sí amigos, por si alguno de los tres o cuatro que vais a leer esto aún no lo sabíais, soy daltónico y aunque hay excepciones, por lo general es un fastidio.
No es algo que se suela ir pregonando y cuando se lo comentas a alguien, la reacción más común suele ser desarrollar una ferviente necesidad de saber más. Con los ojos fuera de órbita y la mandíbula desencajada, el sujeto comienza a mover la cabeza en todas direcciones, buscando algún objeto de un color definido, o preferentemente que contenga distintos colores para ahorrar tiempo; ya sea el estuche de rotuladores Carioca, un bote de lacasitos, distintas partes del escote del vestido... todo vale para someterte a continuación al test de tu vida: "Y esto, ¿de qué color es?"
Os aseguro que he conocido a verdaderas profesionales. Después de horas de tests y con google a mano, me han llegado a diagnosticar que vengo a ser lo que se denomina un tricromático anómalo. Parece que es el caso más extendido, bastante más leve que el dicromático, pero después de lo del documental de esta tarde, no me fío un pelo. Habrá que volver a examinarse.
Como en cualquier problema de cognición, debes ejercer continuamente un acto de fe y aceptar que las cosas son como te cuentan que son, pero... ¡Qué demonios! ¡Os inventáis los colores! No es la primera vez que para asegurarte de no cometer "errores", debes acudir a algún referente externo para que corrobore tu suposición del color al que te estás enfrentando, y cuando le haces la eterna pregunta: "Y esto, ¿de qué color es?" (Siempre intentas aportar información... te lo tomas como un reto y sueltas algo del estilo: "esto es de color X, ¿no?) Te contesta: "Sí... es azul... azul o verde. Verde azulado... como turquesa..." o "es rosa, rosa muy claro muy claro, rosa... salmón"
O directamente, alguna señora, inmune por tanto a este fenómeno, con dos dedos de vergüenza y un poco de frente, te reconoce que no sabría decirte de qué color se trata. ¡Atajo de locos! No somos daltónicos, lo que ocurre es que nos resistimos a caer bajo el yugo de la colección primavera-verano de El Corte Inglés y a tomar la hipocresía y el engaño como forma de vida. ¡A tomar por saco siglos de investigación al respecto! ¡El daltonismo y los colores "absolutos" son los padres! ¡Acoged vuestros propios colores y absteneos de interrogarnos, a menos que llevéis vestidos de colorines!
Para despedirme, os dejo con esta obra de arte recién confeccionada y os hacéis una idea de mi mundo: Pintarrajos azules sobre fondo negro firmado en verde.
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